Columna científica – Áreas verdes: la infraestructura invisible que enfría nuestras ciudades

Áreas verdes: la infraestructura invisible que enfría nuestras ciudades

Dr. Álvaro Salazar, climatólogo regional de CEAZA

En medio de la crisis hídrica que atraviesa la Región de Coquimbo, solemos pensar en soluciones como restringir el consumo o tecnificar el riego. Hoy, quisiera recordar que existe una herramienta poderosa, disponible y a veces subestimada: la vegetación nativa.

En ciudades del secano como Vicuña, Illapel, Salamanca y Ovalle (las más amenazadas por cambio climático en la Región) hemos observado diferencias de hasta 10°C en la temperatura superficial entre sectores con cobertura vegetal y zonas desprovistas de ella. Las imágenes satelitales lo muestran con claridad: dentro de una misma ciudad, como Ovalle, las áreas verdes pueden ser hasta diez grados más frescas que el entorno construido sin vegetación.

Este efecto no es casual. Las plantas funcionan como verdaderas “bombas de agua”: extraen humedad del suelo y la liberan a la atmósfera por medio de miles de millones de estomas – las células responsables de la transpiración en plantas. Ese proceso aumenta la humedad local, disminuye la temperatura y reduce la aridez, generando microclimas más frescos. En un escenario donde los modelos climáticos proyectan una disminución cercana al 40% en la precipitación promedio histórica regional, junto con menos nieve y más calor, este efecto cobra una relevancia estratégica.

No se trata de plantar cualquier árbol en cualquier parte. La clave está en la vegetación nativa, adaptada por miles de años a condiciones de escasez hídrica. Nuestra región cuenta con conocimiento técnico y capital humano para desarrollar diseños urbanos que combinen estética, identidad y eficiencia hídrica. Tenemos patrimonio natural y capacidad profesional: la Región de Coquimbo cuenta con 1.472 especies, 54% de las cuales son endémicas y de alto valor estético.

Pero nada de esto ocurrirá sin gobernanza. Necesitamos planificación metropolitana que levante un programa de domesticación y producción de especies de alto valor estético y resistentes a la seguía, coordinación entre municipios y una visión compartida sobre la imagen de ciudad que queremos proyectar.