Columna científica: Ese “Niño” del que tanto hablamos

Autor: Dr. Cristian Muñoz, modelador estadístico de geociencias, Centro Científico CEAZA

Cada año vuelve a hablarse sobre la llegada de El Niño y con razón, ya que la región de Coquimbo depende sólo de algunos eventos de precipitación para su disponibilidad de agua. El ciclo ENOS (El Niño–Oscilación del Sur) es uno de los principales agentes que modulan la precipitación entre Coquimbo y Los Lagos: su fase El Niño suele asociarse a años más lluviosos y La Niña, a años más secos. Sin embargo, sus efectos dependen también de la interacción con otros fenómenos climáticos, como la Oscilación Madden–Julian (MJO) y la actividad en la “mancha cálida” (anomalía ubicada en el océano al este de Nueva Zelanda) y del contexto de cambio climático, que tiende a aumentar la desertificación en la región de Coquimbo.

Las lluvias en la zona central se producen principalmente por la llegada de sistemas frontales. Durante El Niño es más frecuente la formación de un bloqueo en el sur que desvía esos frentes hacia el norte, favoreciendo precipitaciones en la zona central. Aun así, la ocurrencia final de lluvias resulta de la suma de factores: dinámica sinóptica (3–7 días) influida por variabilidad intraestacional (15–60 días) y condiciones atmosféricas locales.

¿Habrá Niño Godzilla? Actualmente las señales apuntan a un evento El Niño que se iniciaría  débil entre mayo y julio y que se fortalecería hacia fin de año. Por tanto, aunque podrían haber precipitaciones en mayo, éstas serían más frecuentes desde junio, con probabilidades crecientes de condición normal a sobre lo normal entre junio y septiembre. Debe considerarse que en la provincia de Elqui, un año “normal” considera una precipitación acumulada hasta diciembre que varía entre  40 y 140 mm; en Limarí entre 100 y 170 mm; y en Choapa entre 140 y 260 mm. Los modelos sugieren una anomalía de temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial central que podría superar 1.5°C entre octubre y diciembre; dado que ese máximo ocurre tras la temporada principal de lluvias en la región, sus efectos más fuertes en precipitación se concentrarían entre Maule y Araucanía e incluso podrían generar episodios fuera de la temporada, como ocurrió en 2015 con un evento en octubre. En el caso de que esta anomalía supere los 2 °C se podría hablar de Niño Godzilla, lo que aún es incierto. Así,  habrá que esperar cómo evolucionan las condiciones atmosféricas y oceanográficas en la banda ecuatorial para un pronóstico más certero, a medida que avance este 2026.