
El estudio analiza restos de hace 2.000 años que confirman que los camélidos habitaron valles y costas de Tarapacá antes de la colonia. El hallazgo científico surge en medio de una hecho sin precedentes: la región pasó de 124 mil a 13 mil ejemplares en menos de tres décadas.
Generalmente, se asocia a los camélidos sudamericanos a los hábitats de las cumbres del altiplano. Sin embargo, la evidencia arqueológica está reescribiendo esta historia desde las tierras bajas de Tarapacá.
La iniciativa, financiada por la National Geographic Society, reúne al Centro Científico CEAZA, la Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad de Chile, la Universidad de Tarapacá y la Corporación Norte Grande, junto con la Fundación Superación de la Pobreza-Servicio País. A través de análisis de isótopos estables de carbono, nitrógeno, azufre y estroncio en restos de hace 2.000 años, el equipo ha confirmado que estos animales no solo cruzaban el desierto, sino que habitaban permanentemente en valles y costas en Atacama.
Generalmente, se los ubicaba en el ecotono de la puna o en la estepa del altiplano a 3500-4500 m s. n. m. Según explica la Dra. Francisca Santana, líder del estudio e investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile, “logramos detectar señales en la dieta y movilidad que indican que los camélidos habitaron las tierras bajas”, localizándolos por debajo de los 1500 m s. n. m., incluyendo la región de Tarapacá, en el norte de Chile.
Este rescate de la memoria ocurre en medio de una emergencia sin precedentes. Según datos del Censo Ganadero, la población de llamas y alpacas en Tarapacá pasó de 124.538 ejemplares en 1997 a sólo 13.194 en 2021. Una caída del 90% que pone en jaque una tradición de milenios.
El Dr. Antonio Maldonado, investigador del CEAZA, advierte que el tiempo se agota, pues “la ganadería de camélidos es una actividad que va en descenso aceleradamente. Si uno quiere rescatarla como patrimonio o práctica económica, hay que apurarse”. Complementando, Santana enfatiza que “si no se hiciera nada en los próximos 10 o 20 años, la ganadería camélida estaría en grave riesgo de desaparecer”.
Más aún, Maldonado destaca que el reemplazo de estos animales por ganado europeo (cabras y ovejas) no solo es una pérdida cultural, sino un golpe ecológico, ya que las especies introducidas suelen ser más destructivas para el suelo del norte chileno.

“Por ejemplo, sabemos que las cabras son mucho más destructivas del suelo, del ambiente, que otros herbívoros. Además del impacto que generan, también hay una pérdida cultural importante, ya que Los Andes centrales siempre se han caracterizado por la ganadería de camélidos, no sólo en Chile”, detalla el científico.
¿Por qué desaparecieron los camélidos de la costa y los valles?
La respuesta es histórica. “Las crónicas documentan cómo fueron eliminados deliberadamente por los españoles”, señala Santana. Al no servir como bestias de carga para largas distancias (comparados con mulas o caballos) y al estar asociados a ritos “paganos” de la cosmovisión andina, fueron relegados a las alturas, borrando su presencia de los lugares más accesibles de la zona.
“Es una situación evidentemente triste y terrible. Esto trajo consecuencias hasta el día de hoy donde vemos las 4 especies de camélidos sudamericanos muy reducidas a lo que originalmente eran. Al mismo tiempo, esto también afectó nuestra memoria local sobre los camélidos caracterizándose como animales que sólo habitan en las tierras altas del norte de Chile cuando no siempre fue así”, describe la especialista.
“No somos libros, somos una cultura viva”
Más allá de los laboratorios, el proyecto se vincula directamente con quienes mantienen los bofedales con vida. Diego Araníbar, representante de la Comunidad Aymara de Laguna del Huasco y co-investigador del proyecto, aporta la visión de los “científicos de campo” que enfrentan la realidad diaria del pastoreo.
“Nuestros ganaderos, en su mayoría adultos mayores, llevan una historia de reciprocidad con el territorio. Cuando uno de ellos parte, se lleva parte de la historia aymara”, relata Araníbar. Los desafíos actuales son complejos: muerte del ganado por ataque de fauna silvestre (pumas y zorros), sarna de las vicuñas y la falta de productividad forrajera de los humedales altoandinos por variaciones climáticas.
Para el profesional, la importancia de este estudio radica en que no es una investigación “sobre” ellos, sino “con” ellos. Participan organizaciones como la Red de Ganaderos Andinos de Tarapacá y las comunidades de Cancosa y Layrja Phura.
“Fomentaría la inclusión de comuneros y/o comuneras en los equipos de investigación, buscando poner en valor los saberes tradicionales y disminuir la brecha de la transferencia tecnológica entre la academia y los territorios. Debemos tener presente que no somos publicaciones o libros, sino que somos una cultura viva”, señala.
El retorno a las tierras bajas
El objetivo final del proyecto no es solo documentar el pasado, sino proponer políticas públicas que permitan mantener y desarrollar la ganadería de camélidos de forma sostenible en las tierras altas e idealmente en las tierras bajas de Tarapacá.
“Pensamos en el manejo de camélidos a baja escala mediante el uso de corrales como se hacía en el pasado y como también se hace hoy en día en las Quebradas Altas de la región de Tarapacá, como por ejemplo en los pueblos de Mocha y Huaviña”, concluye Santana.


